la niña sin piernas

Teke Teke, la leyenda de la niña sin piernas

 

 

Los insultos, el acoso.

Desde pequeña nunca había sido popular, le costaba hacer amigos y en clase no iba bien. Los niños de su curso solían tirarle del pelo y se inventaban motes sobre su aspecto, la mayor parte de ellos no eran verdad, solo eran para burlarse de ella.

Con el paso del tiempo la cosa no fue mejor. Las chicas de su clase no querían juntarse con ella. Su aspecto no estaba a la moda, familia de origen humilde no podía comprar complementos de moda.

Por supuesto iba a clase en transporte público, vivía a las afueras de la ciudad y mientras otros compañeros podían ir andando en un corto trayecto a clase ella tenía un largo camino que recorrer. Todo esto no hacía más que aumentar el alejamiento con sus compañeros y con él los ataques y el desprecio.

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El acoso traspasa más límites.

Al llegar la adolescencia el acoso pasó de los insultos a la agresión física. Las chicas buscaban pretextos para provocarla, y si intentaba defenderse ya consideraban eso un reto a pelear.

Los chicos habían inventado un juego en el que iban a los jardines del instituto, cogían un insecto, y lo colocaban en su espalda o en su pelo para ver como ella desesperaba dando manotazos al aire intentando deshacerse de él. Su fobia a los bichos y la facilidad para el llanto convirtieron el juego en un deporte para sus compañeros de clase. Las chicas miraban con fastidio los insectos, pero luego reían a carcajadas cuando ella corría y tropezaba enloquecida por el miedo.

Un día, en la estación…

Un día, a la salida del instituto, los chicos reían ansiosos mientras esperaban a que saliera. Pero viéndolos desde la escalera, sabiendo que estaban preparan preparando otra vez el lanzar algún saltamontes o escarabajo, saltó el muro por la parte de atrás para escapar desde ahí hacia la estación de tren.

Cuando ya había recorrido un par de calles,pudo escuchar detrás de ella: ¡Está ahí!

Desesperada empezó a correr esperando que no la persiguieran, pero los gritos y las risas no se alejaban, podía oírlos detrás, cada vez más cerca. Haciendo zigzag entre los coches, intentando despistarlos, recorrió las tres calles hasta la estación, mientras todos los que veían la escena de persecución la ignoraban.

Horrorizada, llegó al andén. Allí se acababa su camino, ya no podía huir. En ese mismo instante se vio rodeada de todos sus perseguidores. Estaban enfadados por la carrera y empezaron a empujarla. De entre todos salió uno, con las manos juntas formando hueco, y al lanzar lo que llevaba entre las manos, una enorme chicharra golpeó su pecho, agarrándose al jersey.

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Presa del pánico empezó a palmearse el pecho, intentando quitarse la chicharra sin tocarla. Como no podía hizo el intento de quitarse el jersey, que quedó enganchado en su pelo. Con la cara tapada por la ropa a medio quitar y corriendo por el andén ocurrió la tragedia. Cayó a las vías, con un sonoro golpe de su cabeza contra el raíl. En el suelo, con medio cuerpo dentro y el otro medio fuera de la vía, sangrando por la cabeza, pedía ayuda con un hilo de voz. Sus compañeros solo miraban boquiabiertos.

Mientras todos estaban paralizados, sin saber qué hacer, como una explosión, pasó el tren a toda velocidad; no paraba en la estación. Las ruedas del tren la cortaron por la mitad.

Todos salieron corriendo. Algunos aún podían oír como pedía ayuda.

Por la noche

La leyeynda de la niña sin piernasPor las noches, en la estación, se escuchan sus uñas haciendo un estremecedor sonido, teke teke, mientras arrastra la mitad de su cuerpo por los andenes, buscando unas piernas.

En los baños de las estaciones, cuando la gente está dentro, se escucha el teke teke de sus uñas, que llegan hasta la puerta, y tocando tres veces pregunta: ¿Y mis piernas?