Anima Sola

La leyenda del ánima sola

La leyenda venezolana del ánima sola

La leyenda del ánima sola es una de las historias más espeluznantes que se transmiten en la tradición popular en tierras venezolanas. Latinoamérica tiene una tradición y folclore profundas y muy arraigadas, su cultura es de gran riqueza y las historias misteriosas y las leyendas que se cuentan de padres a hijos son habituales. La leyenda urbana del ánima sola es una de las más conocidas y, a la vez, más sobrecogedoras que se pueden escuchar.

En Venezuela se suele pedir a las ánimas pequeños favores, son espíritus errantes que conceden pequeñas concesiones a cambio de algo muy sencillo: una vela encendida en su altar.

velas al anima sola

Las ánimas hacen estos favores a cambio de una vela que siempre debe estar encendida. Esto es muy importante, no sólo basta con que se ponga una vela que una vez consumida ya queda como pago por la intervención del ánima. Si se deja de reponer la vela antes de lo que las ánimas pueden considerar suficiente el ánima sale en busca del deudor para escarmentarlo. El ánima sola es vengativa, fruto de esa energía es su poder para intervenir en el mundo de los vivos y se sabe que cuando decide escarmentar a alguien es muy peligrosa. Cuando sale en busca de alguien, el ánima sola tiene forma de mujer con el pelo largo, pero cuando decide atacar se convierte en sombras, revelando su verdadero aspecto de espíritu sombrío.

La leyenda del ánima sola

Cuenta la leyenda que en una ocasión una señora pidió un favor, mayor de lo que es habitual para las ánimas. A cambio prometió un largo tiempo de velas encendidas en el altar a las ánimas, ya que sabía que ese favor era pesado de conceder y debía compensar debidamente a las ánimas si se lo conseguían cumplir.

altar anima sola

Para sorpresa de la mujer, las ánimas consiguieron concederle la petición. Muy emocionada y agradecida cumplió rigurosamente con su promesa de mantener encendida la vela en el altar. Pero como la naturaleza humana es así, con el tiempo a promesa fue perdiendo fuerza, y el favor concedido fue quedando olvidado poco a poco, hasta que llegó el día en el que dejó de renovar la vela en el altar.

Una noche como otra cualquiera, sonó la campana de la puerta de casa de la señora. Vivía en el campo y era tarde. Al asomarse por la cristalera de al lado de la puerta pudo ver de pie, esperando, a una vieja amiga que hacía muchos años que no veía.

Al abrir la puerta su amiga estaba allí, pero en apenas un segundo y antes de poder decir nada, su amiga se transformó en un racimo de sombras que revolotearon por la entrada de la casa como murciélagos alocados. El ánima sola había venido a por ella. Una de las sombras la agarró del pelo y, lanzándola al suelo, la arrastró por la casa entre gritos de dolor hasta arrancar buena parte de su cabellera. La señora acabó perdiendo el conocimiento por el dolor.

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Al día siguiente, con tremendos dolores y presa del pánico, corrió al altar donde volvió a encender los restos de las velas que había dejado apagarse. Y mientras mantuvo las velas encendidas, nunca más recibió la visita del ánima sola.